Caro Alfonso

Teatro

Mi hijo solo camina un poco más lento

(una pieza croata)

De Ivor Martinić. Dirección: Guillermo Cacace

Actuan: Juan Tupac Soler. Paula Fernandez Mbarak. Antonio Bax, Romina Padoan, Elsa Bloise, Luis Blanco, Clarisa Korovsky, Aldo Alessandrini, Pilar Boyle, Gonzalo San Millán, Juan Andrés Romanazzi, María Emilia Ladogana

Vestuario: Alberto Albelda

Escenografía: Alberto Albelda

Diseño de luces: David Seldes

Arreglos musicales: Francisco Casares

Fotografía: Nora Lezano

Tráiler y diseño gráfico: Mariano Asseff

Prensa y difusión: Carolina Alfonso

Asistencia de dirección: Catalina Napolitano

Directora asistente: Julieta Abriola

Dramaturgia: Ivor Martinić

Traducción: Nikolina Zidek

Dirección: Guillermo Cacace

Co-producción: Festival Internacional de Dramaturgia (Europa + América), Centro Croata del ITI (Instituto Internacional de TeatroI), Apacheta Sala Estudio. Con el apoyo de EUNIC (European Union National Institutes for Culture).


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Branko padece una enfermedad en la que día a día va perdiendo movilidad.

¿Cómo se inscribe esta situación en lo familiar? ¿Qué puede hacer él? ¿Qué pueden hacer los que lo rodean?

En medio de esta realidad aparecen grietas por donde respirar otro aire.

Tráiler de la obra. Realización: Mariano Asseff

Festivales y funciones especiales

Mi hijo sólo camina un poco más lento fue comisionada y producida por el Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América 2014 en co-producción con el Centro Croata del ITI (Instituto Internacional de Teatro I), Apacheta Sala Estudio y con el apoyo de EUNIC (European Union National Institutes for Culture). En abril de 2015, comenzó su primera temporada para todo público en el inusual horario de los domingos a la mañana y con cuatro funciones semanales al tercer mes agotaron las entradas de todo el año.

Asimismo, en 2015, participó de la Selección Obras de Teatro Fiesta CABA y formó parte del Girart en Córdoba, del Festival Internacional de Buenos Aires FIBA, del FIDAE Festival Internacional de Artes Escénicas de Uruguay, del FIBA en Chile con funciones en el Teatro Las Condes de Santiago, y del Festival Cielos del Infinito en Punta Arenas, Chile. Fue convocada para participar del Festival Internacional de Caracas, Venezuela en 2016, pero debido a la situación del país el festival canceló las invitaciones de compañías extranjeras. En mayo 2016 participó del Fit Belo Horizonte, Festival Internacional de Teatro Palco & Rua de Belo Horizonte.

En julio 2015 se presentaron en el teatro La Cochera de Córdoba, con doble función por entradas agotadas en el día y en octubre realizaron dos funciones en el CIC Centro de Investigación Cinematográfica en el marco del ciclo Los egresados vuelven al CIC.

En junio de 2016 se presentó con dos funciones en la sala Hugo Balzo del Sodre, Montevideo, Uruguay.

Premios, nominaciones y distinciones:

Mi hijo sólo camina un poco más lento obtuvo seis nominaciones a los premios ACE, Asociación de Críticos del Espectáculo, en los rubros: espectáculo teatro alternativo, director teatro alternativo, actriz teatro alternativo (Clarisa Korovsky y Paula Fernandez Mbarak), revelación femenina (Pilar Boyle) y revelación masculina (Juan Tupac Soler) y dos nominaciones a los premios Teatro XXI que otorga GETEA en los rubros dirección y espacialización. Recibió los premios ACE como mejor obra, mejor director y actriz de teatro alternativo a Paula Fernandez Mbarak.

Asimismo, fue designada por el jurado como ganadora del premio RFI-Radio Cultura, categoría gestión privada, y recibió su premio en la Embajada de Francia en octubre 2015.

También contó con 7 distinciones como mejor trabajo 2015 para los Premios Teatro del Mundo, que otorga la UBA en los rubros: dirección, adaptación, actrices (Pilar Boyle y Paula Fernandez Mbarak), actor (Juan Tupac Soler), escenografía (Alberto Albelda) y traducción (Nikolina Zidek). Recibió los premios en los rubros Dirección y Adaptación.

Fue nominada por los premios Teatro XXI en los rubros Dirección y Espacialización Escénica y por los Luisa Vehil en los rubros Dirección, Actriz de reparto (Pilar Boyle) y Revelación (Juan Andrés Romanazzi).

Los premios Florencio Sánchez ternaron la obra en los rubros Dirección, Actriz protagónica (Paula Fernandez Mbarak) y Revelación (Juan Tupac Soler) resultando ganador Guillermo Cacace; los María Guerrero en los rubros Dirección y Actriz de reparto (Pilar Boyle), resultando ambos ganadores; y los Trinidad Guevara, nominaron a Paula Fernandez Mbarak y Pilar Boyle en el rubro actriz de reparto y a Romina Padoan como revelación 2015, resultando ganadora Pilar Boyle.

Guillermo Cacace recibió el premio Artista del Año otorgado por la Escuela de Espectadores del Centro Cultural de la Cooperación en 2015.

La actriz Elsa Bloise recibió el premio Me gusta lo que haces, otorgado por Carlos Ulanovsky en su programa Reunión Cumbre en diciembre de 2015.

La revista Planeando sobre BUE le dedicó el premio en el rubro Mejor drama 2015.

Mi hijo sólo camina un poco más lento recibió el reconocimiento del Observatorio de los Derechos de las Personas con Discapacidad otorgado por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales en el Congreso Nacional en octubre de 2015.

A fin de año, la obra fue destacada entre los mejores trabajos de 2015 para: La Nación (Pablo Gorlero, Carlos Pacheco y Moira Soto); Pagina 12 (balance realizado por Cecilia Hopkins); Tiempo Argentino (Jorge Dubatti); Buenos Aires Herald (Luciana Ekdesman) y las revistas Inrockuptibles, Noticias (Jorge Montiel) y Veintitrés (Luis Mazas). A la hora de pensar en los trabajos actores, Daniel Gaguine en su blog El Caleidoscopio de Lucy destacó la labor de Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle y Juan Tupac Soler.

Repercusiones de la obra en la prensa y en el ambiente artístico y cultural

Prensa especializada:

(…) Gracias Cacace por apostar al mejor teatro. En su espacio Apacheta él le muestra a los espectadores de qué hablamos cuando hablamos de teatro. Los actores de Cacace son mágicos. Si alguien quiere saber qué cosa es el teatro vaya a ver esta obra. Para hablar de teatro hacen falta directores como él.

Osvaldo Quiroga en el programa de cultura La otra trama, Canal 7

"Caminá mamá" es lo primero que se escucha en la obra Mi hijo sólo camina un poco más lento, de Ivor Martinic, que dirige Guillermo Cacace en la sala Apacheta. En el escenario, todos caminan, ruedan -se escuchará después- como rueda la Tierra. Pero existe (Eliot dixit) "el punto fijo del giratorio mundo", y es en torno de él que todo se organiza; aquí, en la obra todo da vueltas, en torno de quien no camina, del personaje que celebra sus 25 años, un eje de la vida, de la vida de un lisiado sobre una silla de ruedas. Hacia ese centro, ese dolor, se acercan o se alejan los personajes, aceptan o disfrazan ese dolor en carne viva y, a la vez, cada uno llega y se va con el suyo, pequeño o grande, siempre cotidiano, siempre humano, porque nada es blanco o negro, más bien gris, sin que entre demasiado la luz que haga insoslayable la verdad de sus vidas.

La obra transcurre en un día y ese día marca el paso de la negación -"mi hijo sólo camina un poco más lento"- a la aceptación -"mi hijo no camina"- y no es poco. Pero la mera verdad no basta, falta la entrega: hay un momento en que uno tiene que mirar la vida a los ojos y escupirla o abrazarla, abrazarla no por, sino, en general, a pesar de. Y la madre duda, y como hija le pregunta al padre, ya cercano a la muerte, si valió la pena: "Esto., la familia., el dolor." El padre calla, generosamente, nos cede la palabra.

Hugo Mujica en la sección de recomendación El Outsider del diario La Nación Cultura

Una experiencia de cuerpo presente.

Cómo decir algo sobre Mi hijo sólo camina un poco más lento, una de las experiencias teatrales más intensas que se hayan visto en el circuito del off porteño? ¿Qué seleccionar de este espectáculo arrollador, exquisito, que no se parece a ningún otro en materia escénica?¿A qué se debe el comentario unánime que coloca esta propuesta de Guillermo Cacace como la más destacada de la actual cartelera teatral? Por supuesto que Cacace ya había demostrado su gran maestría al frente de la dirección de actores y la puesta en escena en espectáculos como Mateo o A mamá..., pero aquí, como nunca, evidencia que es uno de los creadores con más impronta de los últimos años. Uno que no teme arriesgarse y que siempre encuentra una manera propia, profundamente original, de tocar la fibra más íntima del espectador.El universo se presenta allí ante quien esté dispuesto, ante quien sea valiente. Por eso se insiste, más enfáticamente que en otras oportunidades: no por capricho se dice que el teatro es presencia. Y en este caso se hace más evidente que nunca. Porque esta obra late. Y porque no hay más forma de transitarla que haciendo aquello mismo que hacen el director y sus actores. Entregándose.

Paula Sabatés en Página 12

Excelente: Un drama coral que desemboca en el espectáculo teatral más poderoso que exhibe hoy el off porteño. El trámite de traducción y adaptación a nuestro código toma las nuevas alas de lo posible sobre este notable trabajo de puesta y dirección que firma Guillermo Cacace (...) En un elenco sin fisuras... cada personaje repite en sí la misma ceguera general de los que no quieren ver y transan el paliativo de una evasión sin salida.

Luis Mazas en revista Veintitrés

(…) personajes entrañables y hasta reconocibles (de la mano de un elenco alucinante). En cómo se expresan hay algo de lo excesivo pero también de lo genuino. Y Cacace maneja con maestría la lengua de ese exceso. Esa sinceridad permite que se diga la verdad más cruel y genere risa (…) la obra entera es un cross a la mandíbula, donde todo sucede provocando una sucesión de nudos en la garganta.

Ivanna Soto en revista de Cultura Ñ de Clarín

Brillante experiencia colectiva (...) lucidez estremecedora (...) Es una de esas obras que cada tanto sacuden el circuito teatral porteño irradiando una fascinación comprensible y difícil de explicar (... ) un equipo de intérpretes capaz de lanzarse contra los límites de la ficción.

Patricia Espinosa en diario Ámbito Financiero

Un hecho teatral tan vital, conmocionante y conmovedor que provoca simultáneamente asombro, risas y lágrimas por el contenido, el fenomenal elenco y la magnífica puesta de Guillermo Cacace. Uno de los grandes creadores del teatro argentino. Imposible perderse su visión.

Nora Lafon en el programa Lo que el día nos dejó, Radio del Plata

El encuentro de la poesía con el teatro. Sobre la poesía de Hugo Mujica y esta obra.

Osvaldo Quiroga en agencia Télam Suplemento Literario

Una obra para apreciar en las mañanas de sol. En pocos minutos, la potencia escénica de los actores y lo que sucede adquiere tal fuerza, que es posible perder la noción de tiempo y espacio. Cada situación se sostiene por la enorme capacidad de los actores de vivir cada momento que interpretan, de construir esa realidad inasible. Para el final, queda el resto del domingo para que cada espectador –en palabras de Jacques Rancière– "componga su propio poema, con los elementos del poema que tuvo enfrente".

Mercedes Méndez en diario Tiempo Argentino

El nuevo espectáculo del prestigioso director Guillermo Cacace es una verdadera ceremonia teatral. Guillermo Cacace, que ha contado con un elenco de muy rendidores intérpretes, logra plasmar una puesta despojada y de mucha calidad, sutil en detalles, pródiga en recursos de distinta naturaleza escénica. Y sin otros efectos que los de la sola actuación. Una verdadera lección de teatro en estado puro.

Alberto Catena en diario La Nación

Aguda mirada sobre la familia. Una pieza admirable con influencias chejovianas. El equipo actoral conmueve (…) Una obra digna de permanecer para siempre en la memoria del espectador.

Isabel Croce en La Prensa

Con los sentimientos en primer plano.

Tema difícil con buenas actuaciones dirigidas por Cacace, sin golpes bajos, en una rica puesta.

Ana Seoane en diario Perfil

La obra de un joven croata es la gran revelación del off en lo que va del año. Elegida para formar parte del próximo Fiba, sucede en una pequeña sala de la calle Pasco, donde un extraordinario grupo de actores consigue conmover en serio. Un grupo de actores absolutamente fuera de serie construye una bomba molotov de emociones, profundidad y extraña belleza.La puesta juega con el artificio atrapado en los dictados de un guion, y se apoya en un texto lleno de hallazgos que el elenco sabe hacer brillar. Las escenas marcan con inteligencia un ritmo que nunca decae en sus 75 minutos de duración. Y todos los actores están todo el tiempo en ellas, aunque salgan y entren. Mi hijo... emociona por el enorme cariño que siente hacia sus personajes. Por esa cuota de ternura, los silencios, los gestos mínimos, el humor y los picos de tensión, a veces desbordados, desmesurados, conmueven sin esfuerzo ni pudores. Hay sonrisas y ojos brillosos en el aplauso final. Los actores, ya fuera de escena, se abrazan, temblorosos. Tanto para ellos como para nosotros, en esta pequeña sala sin cartel a la vista acaba de suceder algo especial, delicado, irrepetible.

Mariana Mactas en TN Todo Noticias

Es inevitable preguntarse hasta qué punto esa excelencia lo es solamente de las dotes actorales y de la pericia de la dirección o, además, depende de la calidad moral de esas personas, con independencia del oficio teatral en el que se desempeñan. Porque lo que la obra comunica no es sólo convincente, no es sólo verosímil. Es verdadero. Así lo entienden los muchos espectadores que contienen un llanto silencioso pero indisimulable hasta el final y los que se secan la cara una y otra vez, alternando la emoción con la sonrisa cuando cada personaje, a su turno, exhibe en toda su ridiculez el costado tullido de su cuerpo o de su psiquis

Olga Cosentino

Bajo la rauda luz del sol. El prestigioso director Guillermo Cacace, rodeado de un grupo nutrido de muy eficaces actores, construye un hecho teatral de peculiar intensidad. En pleno día. La pieza observa el trabajo que da y a veces el dolor que produce reconocer al otro.

Cecilia Absatz en revista Noticias

Inteligente propuesta coral sobre la parálisis familiar y los vínculos conflictivos. Grandes recursos escénicos y excelentes actores. Una de las piezas más revulsivas y profundas del teatro alternativo. Imperdible. Para recomendar. Excelente.

Carlos Abeijón, El explorador cultural AM Splendid y Una mujer con Graciela Borges, AM Nacional, Radio de la Ciudad, La 2x4 FM 92.7 y Jurado Premios ACE

Teatro un domingo a la mañana es una propuesta arriesgada. Pero resulta perfecta por tratarse de una obra luminosa, no sólo por la luz que ingresa a través del ventanal de Apacheta, sino también por la emoción generada que parece aumentar tras despertarse en un día feriado. Una historia familiar, tierna y divertida.

Martín Wain en La Nación Revista

Una obra que nos conmueve

Fui a ver una obra de teatro un domingo a las 11.30. Tenés que subir una escalera que lleva a la sala... y hay luz del día que entra por la ventana. Los actores están ahí. Forman parte de tu domingo común, ya sabés que te vas a sentar y esperar a ver qué pasa. Pero son los personajes que aparecen. Caminan, corren, te miran, te hablan, viven parte de sus vidas delante tuyo. Se entregan totalmente. Se conmueven. Vos a lo mejor te incomodás, pero te reís, te sorprendés, te angustiás. Quizá llorás. O no. Las historias de las personas son el misterio más grande. Y tu propia historia. Algo de la vida del otro te moviliza, te atrapa, te encanta o te anula por momentos, y sin darte cuenta te involucra. Mi lugar de espectadora común se transformó. Me vi única en ese espacio. Terminó la obra y, con una sonrisa en la cara, me acerqué a saludar a los actores y me puse a llorar, dándoles la mano, casi sin poder hablar. Agradezco tanto la entrega de ellos, del director, y la aparición de esos personajes en un domingo común de mi agitada vida, que mi presencia ahí, saludándolos y tratando de expresar lo que me había pasado en esa hora, hacían que me sintiera un poco parte de la vida de esos personajes. No puedo contar el argumento, la vivencia es de cada uno, inevitable y vale la pena. Mi hijo sólo camina un poco más lento es la exacta descripción de lo que una vez dijo Alfredo Alcón: "Cuando vas al teatro, y ves la obra... No vas a ser el mismo cuando ésta termine".

Ligia Piro, El Crítico, La Nación Espectáculos

La infelicidad en familia. Lo que impacta de Mi hijo sólo camina un poco más lento es su delicadeza para demoler en varios niveles, como un boxeador elegante. Por momentos, provoca risas amargas, por otros, emoción; casi siempre una angustia existencial que traspasa generaciones. Sin moralejas. Con mecanismos teatrales que parecen simples y funcionan como epifanías, a la luz natural que entra por una ventana. Los personajes femeninos desbordan de intensidad; los masculinos, de ausencia. Diez actores en una coreografía de la tristeza. Se comprueba, no sólo en teatro, algo en común entre el alma argentina y la balcánica. Acá en una obra mayor, hecha con elementos mínimos.

Miguel Frías, revista Viva de Clarín

Amores que salvan. Una obra de teatro, Mi hijo solo camina un poco más lento, conmueve con el rescate de emociones básicas: la vergüenza, las pérdidas y la vejez. Las pérdidas, la discapacidad, la vejez son los temas que sobrevuelan y se encuentran en esta obra, un texto del autor croata Ivor Martinic, dirigido por Guillermo Cacace. Cacace es uno de los más interesantes directores y dramaturgos del teatro actual. Y Mi hijo…, una de las obras más recomendadas por estos días. La rareza es que las funciones son a de día. Y no está nada mal salir de día después de una experiencia emocional tan intensa. Porque en el “grado cero" del artilugio teatral, Mi hijo… convoca los sentimientos más simples. La dificultad para aceptar nuestra discapacidad (cualquiera fuera ella), el miedo a la muerte, a la vejez y al vacío transcurrir del tiempo. La pregunta que la dramaturgia convoca es: ¿qué puede ayudarnos a contener la angustia existencial más básica? Y parece responder: la familia.En tiempos de violencia extrema, contra las mujeres, los niños, los diferentes, es posible que sólo los lazos esenciales (con sus fallas e interrupciones) sean los únicos capaces de salvarnos.

Adriana Lorusso, revista Noticias Web

Muy buena. Un gran texto y once actores maravillosos que dan ganas de salir a abrazarlos. Sin duda la potencia de los diálogos va armando una de las mejores propuestas teatrales del año.

Hernán Firpo en diario Clarín

Excelente puesta de Guillermo Cacace que muestra el corazón más dolido de la gente y su desesperanzada vocación para el amor. Un poco de esto habla la maravillosa pieza croata de Ivor Martinic. El elenco trabaja junto, parejo y compacto guiados por el gran Cacace.

Laura Ávila, Planeando sobre Bue

Conmovida aún con el trabajo de equipo de Mi hijo sólo camina un poco más lento. Genial puesta y apuesta de Guillermo Cacace.

Gabriela Radice, noticiero Visión 7, Canal 7 y Twitter

Este domingo valió la pena el "madrugón". Para vivir Mi hijo…. intensamente y disfrutar desde que se ingresa a la Sala Apacheta de la calle Pasco con los mates que ofrecen los actores hasta los abrazos que ellos mismos se prodigan al final de la ceremonia teatral, a la vista del público, como están durante sus 75 minutos de extensión, expuestos en sus sentimientos estén o no en escena. Personajes entrañables con actuaciones heterogéneas que terminan conformando un todo homogéneo. Van in crescendo, desde un simple decir del bello texto del croata Ivor Martinić hasta encarnarlo con la más profunda emoción de la mano de la precisa dirección de Guillermo Cacace. Una historia de fina sensibilidad no exenta de humor ni de amor que se aprecia con la sonrisa y la lágrima a flor de piel con una potencia y un ritmo que no decae al punto que uno no quiere que termine. Una obra luminosa en todo sentido que sabe pulsar la fibra íntima del espectador. Teatro del bueno por partida doble. Porque está bien hecho y además porque hace bien al alma.

Gastón Soulages, canal 7

Hay puestas sobre las que cuesta escribir. Más que nada, por el gran bagaje con la que cuentan, haciéndose difícil el abordaje. Esto es una bendición. El sano ejercicio de dejar que las palabras y las sensaciones fluyan para conformar la visión de una obra que es, sencillamente, genial. Un mundo y una humanidad completa atraviesan a estos seres incompletos que conforman un combo tan reconocible que llama a la reflexión. Será allí donde el trabajo de Guillermo Cacace será sublime junto con el de un elenco a la altura de las circunstancias. Las actuaciones son sublimes y permitirán que cada espectador se aproxime a lo que plantea cada uno de ellos. Por eso, no será extraño que más de uno la vuelva a ver. Seguramente habrá algo nuevo para descubrir y, por sobre todas las cosas, sentir. Mi hijo solo camina un poco más lento es, sin lugar a dudas, una de las mejores puestas del año, con un todo de excelencia, comandado por la sabia batuta de Guillermo Cacace.

Daniel Gaguine, El Caleidoscopio de Lucy

Cacace encontró en la sinceridad su mejor antídoto para resaltar, mucho más que los sucesos en sí, sus consecuencias en los personajes. De esta manera, convirtió su trabajo una experiencia sensible sobre el dolor y sobre la experiencia humana, o al menos sobre muchos de sus matices. En su política de franqueza, Cacace no pone el énfasis en que nos creamos el artificio, sino que nos invita a entrar a la historia por la puerta del costado, a partir de la exhibición de todos los mecanismos enunciativos de su puesta. Todo en esta puesta repite: esto es una ficción, y puede pegar más que la realidad.

Natalia Laube, Mi Teatro Favorito

El lenguaje universal de los lazos familiares.

Nueva obra expone red disfuncional de emociones que va del drama al humor.

Mi hijo sólo camina un poco más lento es una pieza fuerte, emocional, inteligente y universal que reflexiona sobre estos hechos, apelando a la empatía de su público en todo momento, y que nos demuestra que las relaciones de sangre son los mismas en cualquier idioma y latitud.

Máximo Pereyra Iraola en diario Buenos Aires Herald

El amor lo es todo. No sólo es el fenómeno teatral más impresionante del teatro off de los últimos años (tiene entradas agotadas hasta 2016, con funciones los sábados y domingos a la mañana y tarde) Mi hijo sólo camina un poco más lento sino, ni más ni menos, un verdadero acontecimiento de vida. Con un texto potente escrito por el croata Ivor Martinic, la puesta en escena a cargo de Guillermo Cacace –uno de los directores con más impronta de la escena porteña– desborda lo estrictamente teatral y sacude al espectador como ocurre en pocas experiencias teatrales. Lo arranca de la silla, le toca la fibra más íntima y, sin pedirle permiso, le grita que el amor es todo lo posible, que sin el amor no hay nada. Lo potente es la presencia de los cuerpos de esos actores, su conjunción, la forma en que chocan unos con otros en un grito desesperado que pide la presencia de otro. Que pide que se acabe la soledad, que se acabe ese sentimiento de ausencia que a uno lo hace solo, sin otro.Con el sol de la mañana (al principio la función de los domingos era a las 11) la pieza termina de cerrar. La metáfora es acertada, porque sólo con luz natu¬ral podía escenificarse lo más natural que tiene el ser humano: sus pasiones.

Paula Sabatés, Diario Z

Suceden vínculos que conmueven, suceden nudos en la garganta, suceden risas que quiebran la tensión. Y un juego de ritmos increíbles. Sucede teatro en toda su expresión. Bella, conmovedora, con un nivel de actuación impecable, con una dirección brillante, con un texto entre la caricia y la cachetada. Una de esas puestas, definitivamente, inolvidables.

Mónica Berman en su blog Máquina de Escribir

Lo curioso de esta puesta en Apacheta es que –imaginemos- si uno no tuviera el “dato" de que la obra es croata, podría perfectamente pensar que está frente a una producción, excelente y epigonal, de aquella productiva vertiente de obras porteñas sobre mundos familiares disfuncionales que irrumpieron a fines de los noventa y poblaron durante más de una década nuestro teatro.

La obra va a las 11.30 de la mañana de los domingos, hora ritual si las hay. (…) la elección del horario le da a todo un brillo especial: luz diurna acompañada de luces complementarias, en un entorno de barrio que vive, dominguero...

Ignacio Apolo, dramaturgo

La experiencia teatral que nos ofrece esta obra es arrolladora.

Guillermo Cacace es un hechicero. Mi hijo sólo camina un poco más lento, imperdible. Inolvidable por ser, de principio a fin, tan pero tan entrañable.

Mariana Mazover, Puesta en Escena

Todo empieza antes, con los mates que ceban y ofrecen los actores, con las palabras y las muestras de afecto del director a su actriz octogenaria, con las miradas. Y nos sabemos cuándo termina, cuándo dejará de resonar en nosotros esa enigmática energía, tan perturbadora como verdadera y amorosa. Se trata de una pieza croata escrita por Ivor Martinić y la va de familias disfuncionales. Este último dato puede desalentar porque esa temática ha saturado los escenarios porteños durante muchos años. Pero no. Es otra cosa, en gran medida gracias a la mano cariñosa y singular de un director fuera de serie, que sigue sus impulsos y su propio camino. Guillermo Cacace escribe la obra (el bello e inquietante texto de Martinić) en el cuerpo, en nuestro cuerpo, en el cuerpo de los actores. Logra que la palabra nos traspase, nos haga vibrar, nos modifique. Cacace construye su puesta lejos del realismo, lejos de las soluciones fáciles y lejos de los lugares comunes. Cada actor tiene su momento, cada uno se luce y a la vez deja que el otro se luzca. Se entregan al otro y se necesitan. No gravitan alrededor de nadie sino a favor del fuego sagrado, de la teatralidad en estado puro. Aunque visten equipos deportivos están desnudos, expuestos en toda su fragilidad. Como nosotros.

Verónica Escalente, Leedor.com

La canción de las simples cosas

Quizás sea el famoso “grado cero" del artilugio teatral que propone este director, o bien la decisión firme (y no por eso falta de sutileza) de mostrar los mecanismos de enunciación de la puesta. Eso coloca a todos los elementos de la obra en una relación muy orgánica con el entorno y, por lo tanto, uno compra. Es un drama sin dramatismo, cero efectista y un poco esperanzador. Quien sea que se emocione, lo hará porque sucede y no porque está buscado.

Mi hijo solo camina… es un boleto express a lo más ridículo del ser humano: la sensación de estar incompletos. El director Guillermo Cacace lo expone en 75 minutos y con recursos por demás originales.

Y así, con esa simpleza, con una puesta despojadísima y en apariencia modesta, la obra se vuelve un monstruo. El clima, acompañado de la luz natural de la mañana, rebalsa de sensibilidad, argentinidad y algo de la ternura que genera el patetismo de ser humano.

Johanna Chiefo, Todo Teatro

(…) con actuaciones notables, con un compromiso de los cuerpos y las voces que brindan mágicos momentos… Pocas obras teatrales tienen la particularidad de conmover e implicar del modo en que lo hacen con Mi hijo sólo camina un poco más lento Guillermo Cacace y el elenco. Los espectadores en situaciones como está, no pueden menos que agradecer.

Daniel Cholakian, Leedor y Bajo el Volcán

“Mi hijo solo camina un poco más lento" es una experiencia teatral única. De la mano del director Guillermo Cacace, los actores se convierten en instrumentos perfectos para esta puesta poderosa y profunda. El espectador siente en cuerpo y alma lo que sucede en escena. Porque la verdad del relato y de la entrega es tal que el hecho teatral sucede de principio a fin. Todos somos ciegos hasta que la realidad nos sacude tanto como esta maravillosa obra de arte.

Marcela Coronel

Una familia como todas, un obstáculo como tantos, una realidad como ninguna... "Mi hijo camina sólo un poco más lento" de Ivor Martinic con dirección de Guillermo Cacace es la obra más luminosa del último año. Teatro puro, intensidad emocional, reflexión y emoción, calidez y ruptura. Imperdible!!!!

Luis Bremer, Parte del Show

En Mi hijo sólo camina un poco más lento hay dos protagonistas. Por un lado está la historia, el conflicto. Por otro lado su modo de contar, la maestría de Cacace (su director) y su equipo para narrar desde todos los rincones. El resultado de la combinación de estas dos variables con actuaciones perfectas hace que este cuento croata (lo escribió Ivor Martinic a los 26 años) se vuelva el cuento de cada uno. Es muy difícil contarles y recomendarles esta obra sin hacer referencia a lo que me pasó a mí cuando la vi. Es una experiencia. Con esto quiero decir que es más que un acontecimiento teatral porque ir a ver Mi hijo sólo camina un poco más lento es algo que yo viví, que me dejó con la cabeza agitada toda la semana y que seguro me va a servir como criterio de acción en el futuro.Mariano Saba dice que cree que si recomienda esta obra le hace un bien a alguien. Por eso estoy segura que estoy haciéndoles un bien grandísimo.

María Beatriz Delpech, Brandy con caramelos

Con un elenco de excepcionales actrices y actores, Mi hijo solo camina un poco más lento desarrolla una multiplicidad de temas, más allá del que da título a la pieza: la enfermedad de Branko por la que día a día va perdiendo movilidad. De una manera casi casual, con austera simpleza pero con inconmensurable humanidad, el texto de Martinić reflexiona sobre el paso del tiempo, la felicidad, la desgracia que puede llegar en cualquier momento, la vejez, el amor… Es decir, sobre la vida en toda su amplitud, con sensibilidad y sin estridencias. Desde el dolor y sus laberintos, Martinić y Cacace nos invitan a echar una mirada al mundo cotidiano de una familia paralizada ante aquello que debe afrontar y rehuye. Y, de paso, a acercarnos al teatro más genuino.

Marta Casale, El Espectador Compulsivo

Huracán de emociones. Un radiante texto y un genial elenco dan como resultado algo que no se puede dejar pasar en la cartelera porteña. La obra crece minuto a minuto con un final sorprendente e inesperado que cierra de manera exquisita esta experiencia vanguardista de teatro.

Christian Dominguez, Quiero a mi país

Mi hijo sólo camina un poco más lento es un suceso de público y crítica. Y es sobre todo, un acontecimiento poético de una singularidad que nadie debería dejar de ver. En condiciones atípicas de producción, que son al mismo tiempo expresivas, éticas y estéticas. La puesta no sólo es mágica sino que las intensidades de sus intérpretes producen un sistema que multiplica al texto, no lo “representan". Son energías que proponen otro tipo de teatralidad: instalan código, lo inauguran. Es de una sensibilidad y una emoción que se extraña ver, por lo infrecuente y por la sorpresa que produce. El trabajo de cada uno de los actores es extraordinario. La obra deslumbra y conmueve por su calidad sensible pero también por el encuentro que produce ese grupo numeroso, juntándose a comunicar lo que mejor hacen. Imperdible.

William Notix

Esplendor emocional. Sobresaliente y original en sus puestas, Guillermo Cacace dirige a un fenomenal grupo de actores. Con un texto perspicaz y un elenco notable, el resultado es maravilloso.

Christian Dominguez, Martin Wullich

Todos caminamos un poco más lento… La obra habla de nosotros, los seres humanos y nuestras imposibilidades. Será por eso que no hay un sólo espectador que no se conmueva. No puedo explicar a “Mi hijo solo camina un poco más lento"; hay que vivirla. Es como una constelación familiar; en la que se mueven energías insospechadas. Estoy conmovida. No dejes de verla, si conseguís entradas.

Valeria Schapira, El Blog de Valeria

Romper con una continuidad que agobia

Desde su estreno, la obra “Mi hijo solo camina un poco más lento" no dejó de ganar premios internacionales. Escrita por un dramaturgo croata de 27 años, en Buenos Aires se exhibe sábados y domingos a la mañana en un teatro recuperado del barrio de San Cristóbal y agota todas sus localidades. …"Por eso, al final, cuando uno vuelve a la bruma del barrio San Cristóbal y se camina de regreso por la calle Pasco, parece suceder lo que anunciaba Bioy tras un relámpago nocturno. Esa luminosidad que se enciende, para tranquilidad del insomne que, por un instante, ve que los colores de las cosas siguen en su mismo sitio."

Camilo Sánchez, revista Anfibia

Todas las mañanas del mundo. Se presenta los domingos por la mañana y el texto es de un joven dramaturgo croata. Dichas así, las coordenadas de la pieza Mi hijo camina solo un poco más lento, de Ivor Martinic, suenan a propuesta excéntrica. Pero la obra dirigida por Guillermo Cacace viene recogiendo críticas efusivas y muchísimo público gracias a su densidad emotiva, los extraordinarios actores que van de los 20 a los 80 años y el despojo total de una puesta a luz del día.

Por Mercedes Halfon, en suplemento de Cultura Radar de Página 12

El fenómeno que salió del off. La obra sobre una familia con un hijo en silla de ruedas tiene agotadas sus funciones hasta 2016 y se ofrece en horarios insólitos.

Nota de tapa de Sandra Commisso en Clarín

Mágicos y encendidos. Desde una salita de Balvanera, y con horarios diurnos, Mi hijo sólo camina un poco más lento se convirtió en el fenómeno del off

Nota de tapa de Carlos Pacheco en diario La Nación

Un director que se afianza. Guillermo Cacace un director cada vez más notorio que logra llenar su sala un domingo a la mañana.

Por Carlos Pacheco, en diario La Nación

Con luz propia Por la mañana, con la luz del sol, se exhibe una obra “distinta" que propone un viaje emotivo imperdible.

Por Javier Firpo en La Razón

Un dramaturgo croata que pone a la familia bajo la lupa.

El autor pasó por Buenos Aires como parte de un festival internacional; dos de sus obras se presentaron aquí dirigidas por Cacace.

Por Carlos Pacheco, en diario La Nación.

Diez personajes para no perderse en la escena teatral.

Susana Giménez, Gasalla y Geretto, entre otros, componen a criaturas de ficción que conmueven al espectador. Una mirada a su origen e intimidad. Lejos de la fama, cerca del talento. De entre la inmensa multitud de personajes que pueblan el off porteño, también hay muchos que merecen la atención. Está Branko, el chico en silla de ruedas de Mi hijo sólo camina un poco más lento (dirigida por Guillermo Cacace en Apacheta) interpretado por Juan Tupac Soler, un joven que acepta su tragedia sin volverse trágico

Por Sandra Commisso en diario Clarín

La princesa del off. Pilar Boyle tiene 30 años y un talento formidable. Actúa en Mi hijo sólo camina un poco más lento. Esta nominada a un ACE.

Por Miguel Frías en la revista Viva de Clarín

Los límites de un gesto. Guillermo Cacace director del boom teatral Mi hijo solo camina un poco más lento, analiza por qué esta obra desnuda los límites y posibilidades del off en nuestro país. En Balvanera, diez actores de entre 80 y veintipico, dirigidos por Cacace, con entradas agotadas hasta 2016.

Contratapa de Perfil Espectáculos

"Nos necesitamos para abrazarnos"

Guillermo Cacace presenta la obra Mi hijo sólo camina un poco más lento, en una pequeña sala de Balvanera y defiende al teatro independiente: "Nació como una alternativa de lenguaje a la escena oficial y comercial."

Contratapa del diario Tiempo Argentino por Silvina Pini

Dos trabajos teatrales insoslayables de Guillermo Cacace. Mi hijo sólo camina un poco más lento, a partir del texto del croata Ivor Martinic y La crueldad de los animales, del premiado Juan Ignacio Fernández, afirman a Cacace entre los directores más creativos de la escena nacional.

Nota en Tiempo Argentino Cultura por Jorge Dubatti

"El director de teatro es alguien que invita a jugar".

Tiene múltiples distinciones por su trabajo, una sala/estudio de teatro y más de 30 obras en las que participó como director, dramaturgo o colaborador. Actualmente, dirige Mi hijo solo camina un poco más lento, surgida del Festival de Dramaturgia Europa + América, y La crueldad de los animales. Con ustedes, él.

Entrevista a Guillermo Cacace por Mariana Sísaro, en Farsamag

Al teatro a toda hora: en Buenos Aires hay obras para ver por la mañana, al mediodía y a la tarde

Casi inadvertido, el teatro fue capturando días y horarios que no le eran propios. Es cierto, por supuesto, que el día por excelencia sigue siendo el sábado a las 21. Sin embargo, días como los lunes que encontraban a los teatros cerrados hoy albergan propuestas interesantes.

Jazmín Carbonell, Télam

Teatro al mediodía y a la hora de la siesta

Un fenómeno creciente en la cartelera teatral de Buenos Aires, especialmente en el menú de alternativas del denominado circuito independiente, está relacionado con el horario en que se representan las obras: son varias las propuestas de representaciones al mediodía así como a la hora de la siesta y todas, a sala llena.

Analía Balian, Télam

Artistas:

Me gusta mucho Cacace. Me encantó Mi hijo solo camina un poco más lento. Es un director joven, de mucho talento, y muy bien ubicado. Es innovador, verdadero, sincero, es un creador.

Agustín Alezzo, director

Me deslumbró, por no afirmar que es deslumbrante, nada de la vida, ni su dolor ni su ternura, faltan allí, ni el amor ya serenado resignación o inventado por la memoria faltan, tampoco ni la histeria ni el delirio, ni lo que florece ni lo que muere. Es la vida en su cotidianidad, en su apenas anécdotas, pero que tanto por el texto, como por los actores y la tan multifacética como original puesta, más que anécdotas se ahondan nudos, arquetipos de la existencia, espejos del espectador. (…)

Hugo Mujica, filósofo y poeta

Cuando tuve el privilegio y la conmocionante alegría de asistir a la puesta Mi hijo sólo camina un poco más lento, de Ivor Martinic dirigida por Guillermo Cacace, puede arrojar al vacío finalmente después de tanto tiempo ciertas lágrimas amargas que se estaban como pudriendo dentro de mí. Eso es el exorcismo del arte. El arte como todas las musas que lo habitan poseen este infinito poder que, agregado al espacio, como si fuera un oasis en medio del desierto de la expresividad, me ha convertido en seguidor acolito, no simplemente aplaudiendo sino venerando rituales tan propicios para estos días funestos. Cacace es uno de los magos blancos que mencionaban Antonin Artaud en El pesanervios y, excepcionalmente, ha regresado a esta dimensión para darnos respuestas a misterios incluso desconocidos por nosotros mismos. Todo lo que en Apacheta se está tramando es una patria poética sin límites ni banderas porque además de reencontrar a la querida, admirada amiga actriz Ana María Castel, en La crueldad de los animales, todo el elenco trae claves y expresiones tan contundentes que pareciera un milagro como el retorno de Godot al fin o el resurgimiento de los duendes de Lorca. Yo sigo allí, mentalmente arrojo dardos luminosos que esta vez no serán perdidos ni en vano.Aplaudir es poco. Una plegaria y sigamos Apacheteando siempre.

Fernando Noy, poeta, dramaturgo y actor

Y así es en Mi hijo sólo camina camina un poco más lento. Cómo se llama eso: puesta en escena, teatro, producto cultural, interpretación actoral, cómo? Simplemente sucede.El espacio sostiene el tiempo. Todo está a la vista y, sin embargo, hay una intensa develación.

Mientras, llamemos la obra, sucede allí estamos. Ni sé precisar haciendo qué? Luego todo se disuelve.

Por eso las personas tardamos tanto en aplaudir. Yo, al menos, para no ser lanzado al mundo organizado, gestual, reconocible. No quería desprenderme de lo sucedido afuera y adentro de mí, sin molestia. Claro, que hay que haber transitado el oficio, las herramientas, las exploraciones concretas, para llegar hasta allí. Pero a mí no me importa.

A mí dame más.

Jorge Huertas, dramaturgo y director teatral

Mi hijo sólo camina un poco más lento: dice la madre. Hoy, entonces, allí, en Apacheta, resguardados de la lluvia, todos: ellos y nosotros - tal vez estuvimos fingiendo un poco: nosotros fingiendo ser público y ellos fingiendo ser una familia; tal vez, entonces, todos estuvimos un poco más cerca y no nos dimos cuenta - pero ahora cuando cae la noche recuerdo aquel momento entre la fingida abuela y su fingido nieto y descubro un secreto, inexpugnable, leve, silencioso - como la vida de muchos: que discurre, así. Hasta el inexorable final. Guillermo Cacace y su grupo de actores detienen durante un tiempo al tiempo y nos permiten creer que hemos vencido (por un instante) a la muerte. O fingimos que hemos podido vencerla, sí. Teatro, entonces. Sean todos bienvenidos.

Alejandro Tantanian, director teatral

Mi hijo sólo camina un poco más lento es de una ternura descomunal, y de una belleza y de una destreza técnica impecables. Hoy a la mañana había un sol precioso y el fondo de la obra tenía esa luz, preciosa también, sin artificio, sin pretensiones más allá de la entrega. Entrega de corazón, a cada segundo. Una obra de arte como un caballo viniéndote al galope de frente, un caballo cuya musculatura en movimiento puede ser tan bella que no hacés tiempo a correrte, y te pasa por encima. Como cualquier ser con miopía, traté de objetivar, de pensar “qué bien, qué bien, como vuela eso y cómo viene directo hacia mí”, y traté de correrme e hice fuerza y sin embargo acá estoy, escribiendo esto porque me parece que si la recomiendo le hago un bien a alguien. En la obra, el grupo suspira al unísono en varias oportunidades. Yo creo que hay experiencias que te regalan un suspiro y es lo más difícil de regalar a veces. Es algo que está vivo y está pasando y te hace suspirar, creo, porque está pasando y porque salís y sigue pasando y te hace ver que alrededor tuyo la vida está pasando y sigue pasando también.

Mariano Saba, director teatral

Que el teatro conmueva y emocione es algo que pocas veces se ve. Logra momentos inolvidables con actores de una singularísima claridad emocional. Un autor desconocido hasta el momento y la dirección de Cacace hacen de una mañana de domingo el momento ideal para dejarse llevar por la poesía de los cuerpos.

Luis Machín, actor

Pasaron tal vez 15 días de haber compartido Mi hijo sólo camina un poco más lento... todavía tengo imágenes fragmentadas, voces, atmósferas, respiraciones...

Es un abordaje de Cacace despiadado y desesperado y profundamente amoroso.

Aparece la síntesis poética y cuando esto ocurre en el teatro aparece el Arte.

Palabra a la que no le tengo miedo... sé que hoy como nunca es un lugar de resistencia, de creencia, de fe... Va mi agradecimiento y alegría para Guillermo y esos actores con esa mirada que quiero guardar.

Rita Cortese

Otro conmovedor trabajo de Cacace como director. Donde hay un entendimiento pleno de un texto. Transformando en poesía lo austero. Convirtiendo un espacio limitado y un grupo de actores a la luz del día en una experiencia teatral de una intensidad infrecuente, poderosa, reveladora. Del tipo de obras donde todo lo que uno pueda decir es inútil; se debe ver, transitar y llevarla en la memoria como un recuerdo preciado, frágil y entrañable. En su aparente modestia, es un verdadero acontecimiento. Solitario y luminoso. Imperdible.

Santiago Loza, dramaturgo y cineasta

Recomiendo con efervescencia y ahínco una experiencia teatral que tuve hace una semana Mi hijo camina solo un poco más lento (...) y actúan unos actores que se te revelan de un modo tal,que los amas para siempre.

Los sábados y domingos por la tarde en Apacheta. Vayan a temblar de emoción.

Alejandra Flechner, actriz

Linda tarde de sol y nosotros fuimos al Teatro, a meternos en la oscuridad de la sala. Por la ventana, al fondo del escenario, se intuía el resplandor del día. Y adelante, unos actores resplandecían, bajo el manto de un texto delicioso y una dirección sensible. Que alegría salir nuevamente al sol con los ojos brillantes y el corazón sacudido! Precioso trabajo. Gracias!

Paula Hernández, cineasta

Hermoso espectáculo, hermoso cada uno de los actores, todos los gestos, las pequeñas cosas, los detalles, la intimidad con la que trabaja cada quien. Es tan emocionante y tan doloroso al mismo tiempo, y tan vital. Hermoso espectáculo, ojalá pueda decirle a todo el mundo que venga (porque no se consiguen entradas) pero me da alegría que les esté yendo tan bien. Se nota que hay un trabajo enorme de todos y del director tan sensible como si fuera casi un trabajo del espíritu, es como si fuera una obra que te toca el espíritu y cada uno trabaja desde un lugar tan sagrado que es conmovedor.

Leonardo Sbaraglia

Cómo escribir sobre lo ya escrito? Cómo expresar con precisión y profundidad mis sentimientos después de haber sido testigo de una precisa y profunda clase de teatro y actuación? La sencillez. La luz entrando por la ventana. Las miradas penetrando, como nunca antes, mis ojos. El conmovedor momento de reencontrarme con mis risas y mis lágrimas. Y La VERDAD, ese esquivo amigo del teatro, presente en cada palabra dicha. Gracias, a todos y a cada uno por la mágica tarde compartida.

Gastón Pauls

Buenísima la obra. La entrega de los actores, la sensibilidad de la puesta. Belleza de muchas cosas vivas ahí. Hermoso. Gracias.

Erica Rivas, actriz

Mi hijo sólo camina un poco más lento, ése fenómeno de comunión teatral entre actores y público que ocurre de mañana y que te deja conmovido hasta las lágrimas, no sólo por la calidad artística, la excelente dirección de Guille Cacace, la profundidad de sus actores que comprenden y trasmiten ritmos y emociones dificilísimas, sino también por la entrega como grupo, por la mística de trabajar en equipo, de disfrutar el juego juntos.

Julieta Vallina

Imperdible, único, extraordinario. Y un elenco perfecto. A no perdérsela!

Osmar Nuñez, actor y director

Fui a ver Mi hijo sólo camina un poco más lento y vi un hermoso trabajo de equipo de todos los actores dirigidos por un gran capitán Guillermo Cacace. Mis felicitaciones por llevarme en la historia con un espacio casi limpio a vivir todo tipo de emociones!!

Eleonora Wexler, actriz

Ir más allá de las estructuras de obediencia del neocostumbrismo y el melodrama del teatro porteño con la estrategia de una actuación espectral a base de un realismo afectivo-corporal, que implican al espectador en una nueva experiencia de encuentro, donde hay que deponer las armas como en el acontecimiento discursivo de la declaración amorosa; vérselas con una lengua extranjera –un texto escrito por otro- y saber inventar un modo de existencia escénico con procedimientos singulares como suele y puede hacerlo el sujeto afectivo del poema que cambia los modos de vida, es caminar bastante lejos.

Silvio Lang, director

Recomiendo mucho, muchísimo, la hermosa y potente obra del gran Guillermo Cacace y su maravilloso equipo. Gracias! Felicitaciones de nuevo a todos y por favor, no se la pierdan!

Celina Murga, cineasta

Impecable, poético y conmovedor. Lo que Guillermo Cacace y "sus" actores hacen en el espacio de Apacheta es algo así como una bendición para los amantes del buen teatro. Emociona, conmueve (mueve con) identifica, despierta sonrisas, suspiros, inquieta, acaricia, calma y renueva.

¡Cacace, me saco el sombrero, cada día dirige mejor!

Beatriz Pustilnik, dramaturga e investigadora teatral

Fui al teatro a las once y media. No de la noche - de la mañana. Había visto la obra, me había gustado. Y ahora me invitaron a verla de nuevo, esta vez de día, con la luz de un domingo soleado que entró por la ventana. Ese hecho cambió radicalmente la impresión. La luz natural formaba parte de la puesta en escena. Vi otra obra. Valió la pena volver. Hay que verla, esa obra del joven croata Ivor Martinić. Y hay que verla dirigida por Guillermo Cacace. Y Felicitaciones a todo el equipo! Once actrices y actores, ¿cuándo hemos visto eso por última vez? ¡Bravo a todos!

Hartmut Becher, agente literario

Me vuelven las sensaciones de la obra, de lo más bello y conmovedor que vi en los últimos tiempos... de esas obras que cuando salís sentís que te volviste a enamorar del teatro.

Carolina Adamovsky, actriz/directora

Es un grupo humano donde se mezclan actuantes, donde pareciera que hay actores y no actores que relatan sensiblemente una historia dura de amor familiar. El trabajo de la dirección se vale de elementos de distanciamiento, de un relator, de miradas al público... logrando amalgamarlo poéticamente. El espacio, la luz sutil que apoya la luz de día, domingo, temprano. Todo transcurre en el tono de una amable teatralidad...

Luis Ziembrowski, actor

Fue una experiencia bellísima. Viaje inmensamente, por mí, por mis familiares, por los de otros que nunca conocí. A un lugar del ánimo que nos pertenece. Pero lo que más me emociono es ver la construcción que hacemos sobre eso. Me conmovió hasta las lágrimas el hecho teatral como ritual, el humano nombrándose como humano. La emoción esculpida en el espacio, la realidad en un instante invadiendo los cuerpos.

Ana Frenkel, directora y coreógrafa

Mi hijo sólo camina un poco más lento arranca con una especie de maratón en que unos actores arrastran a los demás y todos juntos giran y nos van arrastrando a nosotros, espectadores, a un viaje con esta familia como todas y como ninguna: desmesurada, dolida, amorosa, temerosa de la muerte y del sufrimiento. Con enorme libertad Cacace narra en escena la historia cómplice de actrices y actores únicos, irrepetibles. Allí están, en poco más de una hora, planteadas todas las preguntas más acuciantes y las eternas: sobre la vida y la muerte, sobre el sentido del dolor humano, sobre la fuerza del amor. Entre todos logran un momento teatral muy alto que no en vano está teniendo la repercusión que tiene. Felicitaciones!!!

Hugo Urquijo, actor y director

Desde ayer trato de retener la emoción que me produjo ver “Mi hijo solo camina un poco más lento”. No quiero que se me vaya, es un trabajo precioso. Precioso y arriesgado como vi pocos… Decir que los felicito es ñoño, pero los felicito. Han vuelto simple y conmovedora la convención teatral. Las decisiones de dirección me parecen solidas... excelentes. Hay que ser capaz de ocupar esos sitios.

Valeria Lois, actriz

(…) me gustó mucho… me gustó ir un domingo... me gustó ir de mañana… me gustó ver una puesta rigurosa y tremendamente vital y antisolemne a la vez... me gustó ver desplegado un enorme campo emocional en actores que nunca había visto actuar. Me gustó ver distintas historias de amor… me gustó ver a una sala, a un autor… y sobre todo ver a un director y a su elenco hacerle honor a la aventura de actuar.

María Onetto, actriz

De ahora en adelante, cada vez que escuche el tema musical de la obra, va a ser imposible no tener alguna imagen u ojalá alguna emoción de las que me llevé de Mi hijo camina sólo un poco más lento.

Martín Flores Cárdenas, director

Muy buena, la obra, todos los trabajos, la dirección. Me encantó y me emocionó mucho. No dejen de verla.

Stella Galazzi, actriz

¡Qué manera de llorar un domingo a la mañana! Muy fuerte el efecto de levantarse temprano y salir para asistir a una puesta teatral potentísima en un horario infrecuente; algo que te encuentra con la guardia baja, como en las mejores sesiones de terapia matinales.

Martín Liut, músico

(…) no es sólo un excelente espectáculo. Es una manera de hacer teatro, es una forma de respetar la vida, es poner incómodo al espectador para que se vaya pensando en cuestiones en las que no queremos pensar. Porque incomodan, justamente. La propuesta es arriesgada, intensa, brava. El grupo de actores rompe formas. Arriesgan, apuestan, provocan. La mirada del director sobre esa obra es de un bordear los límites, un huir por la tangente de lo establecido, un "terremotear" emociones. El público ríe, llora, vuelve a reír, vuelve a llorar y, en el final, ovaciona mudamente porque ha quedado sin palabras. Gracias Guillermo Cacace por el talento, por esa aventura teatral tan aguerrida, tan profunda. Uno de esos acontecimientos teatrales que una recordará una y otra vez, y pondrá de ejemplo mil veces, y sacará del arcón de los tesoros en algún momento en que la imaginación falte a la cita.

Stella Matute, actriz

Un texto muy contemporáneo, con una dramaturgia tan poderosa como sensible, que interroga sin piedad y al mismo tiempo con gracia inusitada, las notas más disonantes de nuestra fallida condición humana. La dirección es muy acertada e inteligente y el trabajo actoral excelente. Felicitaciones!

Alfredo Martín

Mi hijo solo camina un poco más lento Mi hijo solo camina un poco más lento Mi hijo solo camina un poco más lento Mi hijo solo camina un poco más lento Mi hijo solo camina un poco más lento

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